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Acelerar la transición energética juntos: Preparando la escena

El reto de la transición

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Carlos Albero

Carlos Albero

Global Finance Segment Leader

Podemos tener un impacto real si aceleramos la transición energética juntos

La década de 2020 será llamada la década de transformación. Esta es la década en que nuestra cadena alimenticia y los sistemas de salud cambiarán inmensamente y cuando las tecnologías digitales que sustentan la industria 4.0 madurarán pasando de la fase de experimentación a la aplicación a gran escala. Para la mayoría de nosotros, la primera mitad de 2020 ha traído una nueva comprensión y apreciación de nuestros sistemas de salud y de alimentación, a medida que el mundo aborda la crisis de coronavirus.

En este entorno en el que nos acostumbramos a vivir con las restricciones que ayudarán a salvar vidas y facilitar la gestión de la crisis a los sistemas existentes, para muchos de nosotros puede parecer que el tiempo está actualmente en pausa, pero durante todo este periodo de cambio sin precedentes, la transición energética continúa con mucha fuerza. Esta es la década cuándo se establecerá el ritmo de la transición energética; cuando se sabrá si la humanidad tiene éxito o no cumpliendo con las metas de desarrollo sostenible; y si el mundo toma o no medidas extraordinarias para cumplir con el Acuerdo de París. En este contexto, tenemos señales prometedoras como que, en el primer semestre de 2020, las renovables han suministrado más energía eléctrica que las fósiles en Europa, en un nuevo paso hacia esta nueva realidad

El 2 de abril de 2020, se anunció en la COP26, que las negociaciones climáticas más importantes desde el acuerdo de París en 2015 se retrasaban a 2021 como resultado de luchar contra el desafío global sin precedentes y crisis de salud: la COVID-19. Sin embargo, no podemos relajarnos. Christiana Figueres, la ex Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), quien supervisó en 2015 la cumbre de París declaró que: "Las emisiones deben alcanzar su punto máximo este año si queremos limitar el calentamiento a 1.5 ° C y el Acuerdo de París estableció la cumbre COP26 como el momento en el cual todos los países aumentarían sus objetivos en línea con el fuerte descenso de las emisiones que necesitamos ver en esta década decisiva".

Con restricciones de movilidad en muchos países del mundo, múltiples aeropuertos cerrados y restricciones establecidas en otros medios de transporte, así como la reducción de capacidades productivas en distintos ámbitos, cambios en los hábitos de viaje, disminución de la demanda de manufacturas o materias primas como el acero a nivel mundial, a la naturaleza se le está dando un respiro temporal de las emisiones de carbono. Todavía no se conocen todas las implicaciones globales del descenso de actividad devenido del COVID-19 en los niveles de emisión, pero sabemos que no es sino un descenso temporal y no un cambio estructural.

La última actualización de la NOAA, en julio de 2020, indica que la progresión del CO2 continúa en progresión ascendente. En 2019, la concentración de CO2 en la atmósfera se estimó en 411 ppm, mientras que, en abril de 2020, esta cifra alcanzó prácticamente 414 ppm. Esto ocurre porque, en promedio, una molécula de dióxido de carbono permanece en la atmósfera durante varias décadas. 

El CO2 tiene diferentes ciclos periódicos en la atmósfera, la tierra y el océano y la criósfera. Si la molécula se libera y entra en el ciclo de carbono atmosférico, tardará unas décadas en viajar desde la capa límite de la atmósfera hasta la estratosfera, y cuando llega a la superficie del océano, ingresa en el ciclo de carbono oceánico tardando entre 200 y 300 años en volver a la superficie del océano para ingresar al sistema acoplado de retroalimentación de la atmósfera oceánica. Así, el dióxido de carbono adicional que hemos agregado a nuestra atmósfera al quemarse los combustibles fósiles durante décadas permanecerá en nuestro medio ambiente durante varios siglos. Por lo tanto, la disminución actual de la contaminación por carbono es un hecho puntual en el panorama general, y la crisis climática continuará con nosotros.

Sin embargo, cuando se trata de abordar la emergencia climática, la orientación es adecuada. De acuerdo con la edición 2019 de nuestro Energy Transition Outlook, la energía renovable proporcionará casi el 80% de la electricidad mundial para 2050 y la revolución de vehículos eléctricos hará que un 50% de todos los automóviles nuevos vendidos en 2032 sean eléctricos. Pronosticamos de la misma manera que la transición energética es asequible, siendo el gasto mundial energético proyectado una parte cada vez menor del PIB, que caerá del 3,6% del mismo al 1,9% en 2050, impulsado por la caída de los costes de las energías renovables y acciones de eficiencia energética, permitiendo una mayor inversión para acelerar la transición.

A pesar de este ritmo, la transición energética no está siendo suficientemente rápida. Nuestro pronóstico es que, para un límite de calentamiento de 1.5 °C, el carbono restante establecido se agotará ya en 2028, sobrepasando esa cota en 770 Gt CO2 en 2050. Nuestro modelo indica que la temperatura global promedio estará más cerca de incrementarse 2.4ºC por encima de los niveles preindustriales a finales de siglo XX. Esto se basa en los últimos conocimientos y tendencias, combinados con proyecciones de impulsores clave como el incremento de la población, el crecimiento económico y avances tecnológicos.

Este nivel de calentamiento está asociado con "riesgos muy altos de impactos severos "según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y la comunidad científica. Pero ¿qué se puede hacer para cerrar la brecha entre nuestro pronóstico más probable de 2.4ºC hasta el máximo deseado de 1.5ºC? 

Una transición más rápida requiere mayores niveles de inversión, incluyendo la implementación de nuevas tecnologías y modelos de negocio, así como marcos regulatorios y políticas que fomenten esta transición. Las decisiones sociales y políticas y las respuestas al cambio climático en consecuencia, tendrán un impacto significativo en cómo se desarrolla el sector económico y energético. 

En este contexto, las empresas y los científicos debemos jugar un papel fundamental en impulsar el sector y acelerar todo lo posible la transición energética, proponiendo vías que mitiguen los riesgos, aprovechen las oportunidades del mercado, e impulsen de una forma definitiva una nueva forma de gestionar nuestro impacto sobre el planeta, desempeñando tanto los expertos de la industria como los científicos y gobiernos, un rol protagónico en la aceleración de la transición energética.

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